28 noviembre 2020

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Anticoncepción retro: ¿Por qué vuelve a usarse el diafragma?

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La preocupación por el cambio climático es uno de los grandes reclamos de las nuevas generaciones, que cada vez solicitan más consumos con el adjetivoeco friendly”. A esta demanda, se suma la preocupación de tener un cuerpo sano, a partir de consumos menos industrializados. Estos hechos confluyeron en la vuelta de un viejo (pero ahora reciclado) método anticonceptivo: el diafragma.

Propio del siglo pasado, el diafragma es un método de barrera que, antes del boom de los anticonceptivos hormonales y del surgimiento VIH, era uno de los más utilizados.

En la actualidad, sólo puede ser usado por parejas estables o como un segundo método preventivo, ya que no evita las Enfermedades de Transmisión Sexual. Al igual que la copa menstrual, es muy maleable, es reutilizable y suele estar fabricado con silicona, con lo cual puede ser una buena opción para las personas que son alérgicas al látex.

Dentro de los motivos que generaron su desuso, además de la masificación de los métodos hormonales y el avance del VIH, está la incomodidad que provoca su utilización: hay que tenerlo puesto muchas horas después del encuentro sexual (mínimo seis) para que cumpla su objetivo. A este problema se suma su baja efectividad.

La médica ginecóloga de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA), María Elisa Moltoni, afirma que: “No lo solemos recomendarlo por su baja eficacia. El método, con un uso perfecto, tiene un 6% de fallas por año (6 embarazos cada 100 mujeres) y con su uso típico, la ineficacia aumenta el doble. Es decir que 12 de cada 100 mujeres que lo utilizan, tienen un embarazo”.
En Argentina, son pocas las pacientes que hoy optan por este contraconceptivo, menos de un 1% según un informe de AMAdA del año 2018, pero fuera del país, crece cada vez la opción de las mujeres por este antiguo método.
Según Moltoni, las jóvenes que llegan al diafragma han hecho una averiguación previa: “En los casos en que la consulta es de gente más joven que nunca lo usó, es porque han investigado y les gusta el hecho de que el método no dependa de la pareja masculina y se pueda auto administrar, además de que les atrae el dato de que no contiene hormonas”, afirma.

En la Argentina hoy, la dificultad para conseguir un diafragma en las farmacias, desalienta a las mujeres que quieren optar por él.

Según la médica ginecóloga, especialista en ginecología natural, Carolina Tori, este es el principal inconveniente: “Además de la dificultad para conseguir el diafragma en sí, también es complicado conseguir el gel espermicida que lo complementa para un uso correcto”, asegura.

La argentina Milagros Garnica, de 23 años, coincide con esta afirmación: “Usé el diafragma durante dos años. Para mí el método siempre fue súper práctico, jamás me generó ningún inconveniente. Fue una experiencia muy positiva. Un anticonceptivo cómodo y fácil de poner. Lo dejé de utilizar porque lamentablemente no pude conseguir más el gel”, cuenta la joven, que descubrió el método a través de talleres de ginecología natural. Milagros también comenta que cuando usaba el diafragma, solía registrar su ciclo menstrual y reforzaba el método con preservativo en los días que estimaba estar ovulando. “Lo más importante es que te invita a tener conciencia de tu propio cuerpo, algo que para mí es fundamental”, agrega.

En la Argentina, la única empresa que comercializa este anticonceptivo se llama Copita Menstrual, aunque tienen problemas con la importación y por este motivo suelen no tener stock. El modelo que venden es de la marca Caya y tiene un valor de US$ 100, con un tiempo de vida útil de 2 años. Lo positivo del diafragma Caya es que tiene una medida que se adapta a la mayoría de las personas (los viejos diafragmas venían por talle, por lo que se necesitaba mensurar el cuello uterino para que fuera preciso).“La anticoncepción sin hormonas nos permite elegir y ser responsables sobre nuestro cuerpo sin alterarlo internamente. El Diafragma Caya es un método anticonceptivo de barrera. Otra opción más sana para nosotras y más sana para el planeta”, comparte la empresa en su página de Facebook.

Usuarias. A pesar de las críticas que tiene el contraconceptivo, es un método cada vez más solicitado y amado por las mujeres que lo utilizan. Lo consideran una opción muy cómoda, afirman sentirse más seguras y autónomas -porque no dependen de otra persona para cuidarse- y, además, les gusta el hecho de contribuir al cuidado del medioambiente. Si bien en Argentina parecieran ser muy pocas las personas que se cuidan de esta manera, hay otros países en donde es más fácil su adquisición y más recurrente su uso.

“Yo no estoy en pareja y opto por este método como una segunda prevención, porque no confío del todo en el condón y no quiero usar hormonas. Si voy a una discoteca, me lo coloco antes de salir. Y las veces en las que lo he utilizado con una pareja estable, me lo colocaba en el momento. En las ciudades grandes de México, al diafragma lo puedes encontrar fácilmente en las farmacias. No es muy caro y lo que más me gusta es que, en comparación con otros métodos, es ecofriendly. Al igual que la copita menstrual, lo podés reutilizar y eso ayuda bastante a que no estemos contaminando”, reflexiona la mexicana de 24 años, Alejandra González Moyo.

La joven dice estar en desacuerdo con quienes lo consideran un método poco eficaz: “Si juntas un método de barrera como es el diafragma, con métodos que no son hormonales pero sí de rastreo, tales como la calendarización o que el hombre eyacule afuera, te puede dar una efectividad casi del 99%. Es lo mismo que estar ocupando hormonas”, asegura.

Landy Rojas, otra mexicana de 38 años, cuenta que luego de tener a su primer hijo le colocaron el DIU hormonal, pero no quedó contenta con el resultado: “Me puse a investigar sobre una opción más segura y menos invasiva y encontré esto. Elegí el método sintotérmico combinado con el diafragma Caya para mis días fértiles”.

Rojas también menciona el hecho de que este contraconceptivo es provechoso para el cuidado del medioambiente: “Me parece que la naturaleza está siendo muy afectada por la estrogenización sintética. Me agrada poder ayudar a mi planeta y a mi cuerpo a la vez”, comenta.

Por otro lado, la brasileña, terapeuta holística que trabaja en el ámbito de la ginecología natural, Cristina Roseno, también utiliza el contraconceptivo, lo recomienda y refuerza el hecho de lograr autonomía gracias a él. “Lo elegí porque es un método de barrera que no interfiere en mi ciclo y tengo total autonomía para manejarlo. Generalmente interrumpo el coito en el momento de la eyaculación y sino, cuando estoy ovulando, también utilizo preservativo. El método no me parece incómodo, ni yo ni mi pareja lo sentimos”. Cristina también comenta que en Brasil es difícil conseguirlo porque, debido a la falta de demanda, se lo ha dejado de producir.

“Si no quieres hormonas y el preservativo no te resulta una buena opción porque significa usar y tirar, es más caro y la sensibilidad no es la misma, el diafragma me parece un muy buen método, y lo recomiendo. Lo único negativo que tiene, al igual que la copa menstrual que también la uso, es que le tienes que coger el truco”, cuenta Casandra Vergara, una española de 32 años que encontró el contraconceptivo investigando alternativas para no tomar hormonas. Casandra comenta que en su país, el diafragma es sencillo de adquirir. “Conseguirlo es fácil, es casi lo mismo que comprar las píldoras anticonceptivas o los preservativos en la farmacia”.

Así, más allá de que los ginecólogos casi no lo recomiendan, algunas personas eligen cuidarse con este método y hay otras que empezaron a averiguar y a solicitarlo.

El cuidado de la naturaleza; la sensación de mayor autonomía y seguridad; su uso como segunda o como forma principal de cuidado (pero acompañado de otras maneras de prevención, como el método sintotérmico o la calendarización) y el deseo de dejar de consumir hormonas, son algunas de las cuestiones que mencionan las personas que lo usan (o han usado) y que defienden la vuelta de este antiguo -pero ahora reciclado- método anticonceptivo.

por Natalia Álvarez

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Fuente: Perfil

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